
Javier Alfaro Guillén


De lo simple aprendo, de lo múltiple solo me despisto. La no implicación es la clave a un problema incierto, dejar que la mente no se abrume con rebuscados y circulares pensamientos.
Llega el momento, arriba a puerto el barco cargado de felicidad. No por más pedir serán las respuestas de mayor calidad.
¿Qué manantial surge de las entrañas que no sienten? No me importa conocerlo, pues no modela mi ser. Un duro trago que el amargo paladar saborea. Mi alma busca conocer pero sufre por lo conocido. Locura de un loco poeta que rescató al tiempo de su espacio personal.
Mil razones da el olvido.
Mil temores da el recuerdo.
Mil demonios da la mente,
de no agradecer lo vivido.
Javier Alfaro Guillén

El césped verde brilla alegremente.
El colorido de la tierra transporta al observador a un nivel superior, alejado del mundo de la mente dormida.
El gozo es saber encontrar la medida de los pensares. Sin que pensamiento hable más alto que otro, ni que se olvide ninguno de ellos del que lo habita.
La medida de lo invisible es reglada por el rastro que deja en su camino. El verdadero trasiego terrestre no concibe la separación de lo aparente y lo aparecido.
Todo es un plato sazonado que el mejor chef cocinó para nosotros.
Creo que el hombre es un Dios dormido que no quiere despertar de su cómoda cama.
El pasillo de la desolación ni es luminoso ni conduce a la salvación.
Lo sombrío es lo ingenuo, esta marcado por un triunfo ilusorio.
Que se abran los baúles del olvido, que se esparzan las cenizas de lo soñado. Que se liberen los brazos de la verdad.
Nada más lejos del encuentro es el olvido de uno mismo. Nada más eterno, la añoranza del conocer.
Libera tu mente en tu bolsillo, vacía la calderilla sobrante que solo pesa y es molesta.
Nada es, hasta que el suceso llega. Nada desaparece, hasta que uno no se olvida.
Nada nace hasta que algo no muere. Nada definido, nada concretado, solo es un vacío que atrapó al tiempo.
Un vacío que da vida a lo inanimado, a lo inerte que avanza en su historia.
Un vacío de Dios que creó al mundo, un vacío que aplacó al caos.
Un vacío energético que genera materia.
Del mundanal ruido de la mente solo nos deleitamos al despiste.
Perdámonos al amor al vacío de lo carente de sentido.

La mesa del comensal dispuesta está, los alimentos han de ser espirituales.
Solo se recolectan los frutos de la huerta del alma con el esfuerzo de la contemplación.
Desde la escalera al cielo* podemos ascender o descender, ese axis mundi que tiene una línea divisoria demasiado fina para estar dormidos.
“Dios dispone y el hombre se lo come”
Que debilidad, que obstinación tiene el ser humano en desechar lo que se siente pero no ve.
Es evidente que Quién dispuso, es porque ofreció por siempre las dádivas divinas.
Esa realidad hay que verla con buenos ojos, como la imagen superior, si con ojos dormidos la miras solo veras imagen movida, pero si presto ante tus ojos unas gafas de rojo y verde colocas algo más real verás.
Javier Alfaro Guillén
*Scala Dei, Tarragona.