Es el sueño de una gota
que se precipita animosamente,
por el aire tocando cada nota,
de la música de la vida de la mente.
Escrito está así su destino,
en el reflejo de su brillante esfera,
donde las nubes se confunden sin espera
con el océano del Sol vespertino.
Océano de profunda sabiduría y bondad,
donde la gota del sueño se fusiona
en una verdadera realidad,
un eterno amor que no condiciona.
Javier Alfaro Guillén
