
El cielo abraza con sus brazos negros a una Luna danzante en su camino hacia la redondez.
Cálida noche donde las blancas cumbres destacan al fondo. Agua de río que canturrea sones relajantes y sonoros que dan al ambiente nocturno una magia especial.
Pájaros que en su nocturnidad expresan sus artes de caza con sonidos tan autóctonos como los mismos árboles.
Cazadores de copas que atraviesan dinteles viejos de puertas, por el sabor de una fría cerveza.
Las estrellas besan la mirada del que cautivo se quedó, de tanta hermosura. Los fugaces destellos en la negritud del firmamento nos alientan a hacer peticiones de deseos.
Bosques y humedales que a la hora de la aurora donan aromas de despertar.
Un camino junto al río se ilumina por los pasos que lo exploran con los primeros rayos.
Santuarios de piedra que abrazan Almas y riquezas. Donde las lagrimas de la montaña bañan los caminos se riega de alegría la vida.
Sonidos de fondo que salpican el rostro con pequeñas y frías gotas, restos de una fuerza acuífera colosal en época de deshielo.
Eso es sentir el vivir del presente. Sabor del "ayer" en el "hoy" revitalizado...
Javier Alfaro Guillén
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