Tiempos confusos, convulsión de ideas que fermentan en la mente del pensador, las puertas se cierran aunque la esperanza alcance a abrirlas de nuevo. La cordura, materia del olvido que las vuelve a cerrar con cadenas, eslabones de ignorancia que subyugan a la razón pura.
Muchas personas hoy dejaron de creer en la Navidad, en los cuentos sin sentido que permiten que los bancos se ensanchen, en los parajes de ensueño libres de contaminación, en las personas sensatas y nobles. Pero la esencia pura de la naturaleza está por encima de todas estas falacias que nos han hecho creer durante años. El ser humano es un ser perecedero pero perdurable en el tiempo gracias a las ideas que dona vida, ideas que no se ponen siempre en practica, la creación no solo es parte de Dios, sino del mismo hombre.
El mero hecho de crear, de ser creativo es una forma de libertad, una válvula de escape, una forma de vida, una necesidad para que el Alma se exprese. No perdamos esa condición humana que desde nuestros ancestros cavernícolas poseemos.
La verdadera magia que podemos inyectar en estos días y en el resto del año, es observar la mirada de un niño y recordar nuestra niñez, esa candidez que hacia mágico el caminar.
Por este motivo y no por otro hay que felicitar la Navidad, porque la magia de los niños haga que los adultos seamos más conscientes de nuestro entorno, nuestra vida y de nuestro futuro.
Javier Alfaro Guillén
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