Lluvia gris, asfalto brillante en el camino. Gotas que reproducen el mundo invertido, cuelgan de las pequeñas hojas. El agua las inunda, cayendo a la tierra húmeda.
Unos pasos mojados se desplazan entre el mundo gris. ¿Dónde se fue el brillo del cielo, la brillante luminaria que pinta de vivos colores el mundo?, no importa, la lluvia es bella.
El aire mueve las ramas, gotas caen aleatorias al encuentro de un charco que se expande. La cabeza fría no concibe pensar, sino que contempla al cielo rayado que se desplaza hasta el suelo.
Los olores de la tierra mojada inundan el ambiente, mezclándose con ese olor de leña quemada de las estufas y haciendo que el que escribe, abra sus pulmones a ese aire pintado de aromas.
Javier Alfaro Guillén

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