martes, 8 de junio de 2010

El hombre y la ardilla

Un hombre solía descansar en la base de un gran roble. Después de la comida recuperaba sus energías en el roble, protegido por su sombra.
Un día observó en una rama alta a una pequeña ardilla. No había visto nunca a una ardilla hacer lo que ésta hacía. De forma copiosa imitaba la postura del hombre y descansaba apoyada entre la rama y el tronco.
El hombre al verla así, le preguntó: ¿Ardillita por qué imitas mi posición y mis gestos?.
Ella le contesto: Yo no imito, eres tu él que cree que te imito. Yo tan sólo tengo una pequeña espina clavada en mi pie izquierdo e intento extraerla.
El hombre añadió: Yo sigo pensando que me imitas, ardillita.
Y la ardilla le contestó: Y yo sigo pensando en que tu crees que el bienestar se lo da el hombre al gran roble, a esta pequeña ardilla y al mundo natural y no crees que en realidad es al revés.
Y el hombre confuso se quedó dormido...

Javier Alfaro Guillén


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